Preferidas



Todas las lenguas en un salmo único,
todas las bocas en un grito único,
y todas las manos en un ariete solo
para derribar la noche,
para rasgar el silencio,
para echar de nosotros la sombra…
¡para que hable de nuevo Jehová!
¡Habla… habla!
¿No hablaste ya un día
para responder a los aullidos de un solo leproso?
Pues habla ahora con más razón.
Ahora,
ahora, que la humanidad,
ahora que toda la humanidad
no es más que una úlcera gafosa, delirante y pestilente.
Habla otra vez desde el torbellino,
que el hombre te contestará
desde su inmenso muladar
-¡tan grande como tu gloria!-
y sentado sobre un Himalaya de ceniza.
Habla.
-Ciñete pues los lomos como hombre valeroso.
Yo te preguntaré y Tú me harás saber.
-Pregunta.
-¿Has pisado tú por las honduras recónditas del abismo?
-No. Pero he entrado en el imperio corrosivo y sin limites
de la injusticia.
-¿Sabes tú cuándo paren las cabras montesas?
-No. Pero sé cuándo el arzobispo bendice el puñal y la
pólvora.
-Y en cuanto a las tinieblas… ¿dónde está el lugar de las
tinieblas?
-En la mirada y en el pensamiento de los hombres. Tuya
es la luz.
-¿Y has penetrado tú hasta los manantiales del mar?
-No, pero he llegado hasta el venero profundo de las
lágrimas: Mío es el llanto.
Y ahora pregunta el hombre,
ahora pregunto yo… ¡y Tú me harás saber!
¿Para qué sirve el llanto?
Si no es para comprarte la luz ¿para qué sirve el llanto?
¿Por qué hemos aprendido a llorar?
¿El llanto no es más que la baba de un gusano?
¿Lloramos sólo porque Tú has apostado con Satán?
Nuestra lepra,
esta lepra de ahora
¿ha salido también del gran cubilete de tus dados?
¿No somos más que una jugada tirada sobre la mesa verde
de Tu gloria?
¿Apuestas ahí arriba con el Diablo, a la luz y a la sombra
como al negro y al rojo en un garito?
Y ahora… ¿ha ganado el negro…
ha triunfado la sombra?…
¡te ha vencido Satán!
¿Y yo no soy más que una ficha,
una moneda,
una res,
un esclavo…
el objeto que se apuesta…
lo que va de un paño a otro paño
de una bolsa a otra bolsa?
¿Y no puedo gritar?
¿Yo no puedo llorar?
¿No puedo ofrecerte mi llanto,
todo mi llanto por la luz…
por una gota de luz?
Si puedo.
Puedo llorar
y gritar
y patear
y denunciar la trampa.
Y aunque sueltes sobre mi boca todos los ladridos del
trueno, me oirás.
Y aunque arrojes sobre las cuencas de mis ojos las lluvias
y los mares,
la amargura de mis lágrimas te llegará hasta la lengua,
Tuya es la luz…
¡pero el llanto es mío!

León Felipe







Alga quisiera ser, alga enredada



Alga quisiera ser, alga enredada,
en lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salada
cuando corres desnuda hacia la orilla.
Sol recortando en sombra tu sencilla
silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,
en torno a ti: paisaje, luz, ambiente,
gaviota, cielo, nave, vela, viento…

Caracola que acercas a tu oído,
para poder reunir, tímidamente,
con el rumor del mar, mi sentimiento.




Trabajé el aire,
Se lo entregué al viento:
Voló, se deshizo,
Se volvió silencio.

Por el ancho mar,
Por los altos cielos,
Trabajé la nada,
Realicé el esfuerzo,
Perforé la luz,
Ahondé el misterio.

Para nada, ahora,
Para nada, luego:
Humo son mis obras,
Ceniza mis hechos.
....y
Mi corazón 
Que se queda en ellos.





Te tuve

Te tuve cuando eras dulce,
acariciado mundo.
Realidad casi nube,
¡cómo te me volaste de los brazos! 
Ahora te siento nuevamente.
No por tu luz,
sino por tu corteza,
percibo tu inequívoca presencia,
...agrios perfiles, duros meridianos,
¡áspero mundo para mis dos manos¡









Lope de Vega
(1562–1635)

A mis soledades voy.
De mi soledades vengo,
Porque para andar conmigo
Me bastan mis pensamientos.
¡No sé qué, tiene la aldea
Donde vivo y donde muero,
Que con venir de mí mismo
No puedo venir más lejos!
Ni estoy bien ni mal conmigo;
Mas dice mi entendimiento
Que un hombre que todo es alma
Está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta,
Y solamente no entiendo
Cómo se sufre a sí mismo
Un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan,
Fácilmente me defiendo;
Pero no puedo guardarme
De los peligros de un necio.
Él dirá que yo lo soy,
Pero con falso argumento;
Que humildad y necedad
No caben en un sujeto.
La diferencia conozco,
Porque en él y en mí contemplo,
Su locura en su arrogancia,
Mi humildad en su desprecio.
O sabe naturaleza
Más que supo en otro tiempo,
O tantos que nacen sabios
Es porque lo dicen ellos.
«Sólo sé que no sé nada»,
Dijo un filósofo, haciendo
La cuenta con su humildad,
Adonde lo más es menos.
No me precio de entendido,
De desdichado me precio;
Que los que no son dichosos,
¿Cómo pueden ser discretos?
No puede durar el mundo,
Porque dicen, y lo creo,
Que suena a vidrio quebrado
Y que ha de romperse presto.
Señales son del juicio
Ver que todos le perdemos,
Unos por carta de más,
Otros por carta de menos.
Dijeron que antiguamente
Se fue la verdad al cielo:
Tal la pusieron los hombres
Que desde entonces no ha vuelto.
En dos edades vivimos
Los propios y los ajenos,
La de plata los extraños,
Y la de cobre los nuestros.
¿A quién no dará cuidado,
Si es español verdadero,
Ver los hombres a lo antiguo
Y el valor a lo moderno?
Todos andan bien vestidos
Y quejánse de los precios;
De medio arriba, romano,
De medio abajo, romeros.
Dijo Dios que comería
Su pan el hombre primero
Con el sudor de su cara,
Por quebrar su mandamiento;
Y algunos inobedientes
A la vergüenza y al miedo,
Con las prendas de su honor
Han trocado los efectos.
Virtud y filosofía
Peregrinan como ciegos:
El uno se lleva al otro,
Llorando van y pidiendo.
Dos polos tiene la tierra,
Universal movimiento,
La mejor vida el favor,
La mejor sangre el dinero.
Oigo tañer las campanas,
Y no me espanto, aunque puedo,
Que en lugar de tantas cruces
Haya tantos hombres muertos.
Mirando estoy los sepulcros
Cuyos mármoles eternos
Están diciendo sin lengua
Que no lo fueron sus dueños.
¡Oh, bien haya quien los hizo,
Porque solamente en ellos
De los poderosos grandes
Se vengaron los pequeños!
Fea pintan a la envidia:
Yo confieso que la tengo
De unos hombres que no saben
Quién vive pared en medio.
Sin libros y sin papeles,
Sin tratos, cuentas ni cuentos,
Cuando quieren escribir
Piden prestado el tintero.
Sin ser pobres ni ser ricos,
Tienen chimenea y huerto;
No los despiertan cuidados,
Ni pretensiones, ni pleitos.
Ni murmuraron del grande,
Ni ofendieron al pequeño;
Nunca, como yo, firmaron
Parabién, ni pascua dieron.
Con esta envidia que digo,
Y lo que paso en silencio,
A mis soledades voy,
De mis soledades vengo.