jueves, 17 de octubre de 2019

El río

EL RÍO
  
Tú eres, rio, cualquier río
pero nunca un río cualquiera. 
Tú me enseñaste el arte de la fuga.  Tú me enseñaste a irme para permanecer.
La ciudad ha crecido en tu costado.
Hay luces en tu rostro que antes no existían.
Ahora quién podría distinguir 
entre el reflector de una fábrica y la luna.  
Hay hoteles de paso que se quedan.  
Hay buenos bares de mala muerte 
y mejores burdeles de mala vida.  
Hay tiendas que se tienden boca abajo 
y tiendas que se tienden boca arriba.  
Hay refinerias donde trabajan  hombres crudos como el petróleo  para hombres refinados que lo venden.   
Hay hasta el ay una ciudad.  

Y en todo se oye un murmullo 
como de río que te quiere suplantar; como de río aprendiéndose tu música, 
comiéndose tu música;  
como de río que se pudre 
y quiere volverte también su podredumbre 
y ha comenzado a lanzarte todo lo viejo, 
todo lo inútil e inservible que es humano.  
Tú eres, río, el río de los hombres. Envenenaron tu corazón, te volvieron ácido 
como ellos mismos.
Estás enfermo y llagado y quieres morirte, 
pero nunca mueres.
¿Por qué si fluyes no te limpias?
Quieres morirte como quieren morirse esos viejos enfermos y llagados
que viven muriéndose de no morir.
Quieres confesar ya, quieres que Dios te sane
y te lleve al paraíso
y te ponga a correr dentro de otro río.

Voy a cerrarte los ojos
como si cerrarán ahora los míos.
Voy a dejar que mueras en mí
para que seas cualquier río,
para que renazcas puro de nuevo,
río niño que el paisaje acuna.
Entonces yo volveré contigo,
en la ciudad resucitada de tu costado
y desembocaré en la mar que desembocas 
como si desembocar fuese
ver por primera vez el mar.
Vendrán los hombres a poner el sol
a poner regalos en tu orilla.
El que te vea, será mi sangre.


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