sábado, 17 de diciembre de 2016

Publicar

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significó soltar al aire sentimientos,
verlos desaparecer entre los lectores.
Escribir para ti fue regalarme la oportunidad de que me leyeras...  escuchándome.

He traducido mis versos para enviarlos a latitudes lejanas,
para que te busquen a pesar del espacio y del tiempo.

He alzado los ojos al cielo, rezando sin voz,
cuando mis sentimientos ya no tenían palabra.

He abierto mil puertas, sorteando la injusticia,
mientras jugabas al escondite.

Ahora me quedo con llagas en la piel
y con los lirios de tu juventud en la mente,
me quedo con el tiempo
y los recuerdos compartidos
(me dueles como un juguete roto,
como un patio desértico,
sin risas y sin niños).

Sigo el silencio del viento,
te busco detrás de los árboles,
mido con caricias las distancias
(en dos años apenas pudimos mirarnos);
observo, una y otra vez,
esa fotografía que se agrisa y que refleja nuestros ojos…
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