viernes, 28 de octubre de 2016

Elegía primera

Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.

Verdura de las eras,
¿qué tiempo prevalece la alegría?
El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas
y hace brotar la sombra más sombría.

El dolor y su manto
vienen una vez más a nuestro encuentro.
Y una vez más al callejón del llanto
lluviosamente entro.

Siempre me veo dentro
de esta sombra de acíbar revocada,
amasado con ojos y bordones,
que un candil de agonía tiene puesto a la entrada
y un rabioso collar de corazones.

Llorar dentro de un pozo,
en la misma raíz desconsolada
del agua, del sollozo,
del corazón quisiera:
donde nadie me viera la voz ni la mirada,
ni restos de mis lágrimas me viera.

Entro despacio, se me cae la frente
despacio, el corazón se me desgarra
despacio, y despaciosa y negramente
vuelvo a llorar al pie de una guitarra.

Entre todos los muertos de elegía,
sin olvidar el eco de ninguno,
por haber resonado más en el alma mía,
la mano de mi llanto escoge uno.

Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.

¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste, y sólo quieres
ya el paraíso de los ataúdes.

Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.

Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma
y de arrullos el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.

Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.

Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva.

¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.

Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.

Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.

Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.

Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellino de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.

No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que al calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.

Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.

Pero el silencio puede más que tanto instrumento.

Silencioso, desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.

Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.

Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.


Luna de miel

Huyó, bajo sus velos soñadores,
la tarde. Y en los torvos carrizales
zumbaba con dulzuras patriarcales
el cuerno de los últimos pastores.

Entre columnas, ánforas y flores
y cúpulas de vivas catedrales,
gemí en tu casta desnudez rituales
artísticos de eróticos fervores.

Luego de aquella voluptuosa angustia
que dio a tu faz una belleza mustia,
surgiendo entre la gasa cristalina

tu seno apareció como la luna
de nuestra dicha y su reflejo en una
linfa sutil de suavidad felina.



martes, 18 de octubre de 2016

CALVIN KLEIN, UNDERDRAWERS

Fuera yo como nevada arena

alrededor de un lirio,

hoja de acanto, de tu vientre horma,

o flor de algodonero que en su nube ocultara

el más severo mármol travertino.

Suave estuche de tela, moldura de caricias

fuera yo, y en tu joven turgencia

me tensara.

Fuera yo tu cintura,

fuera el abismo oscuro de tus ingles,

redondos capiteles para tus muslos fuera,

fuera yo, Calvin Klein.


Ana Rossetti




CONVERSIÓN SINGULAR


Toda la vida desvistiendo chulos
para ahora acabar vistiendo santos.

Ana Rossetti


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Problemas de doblaje

En la toma perfecta, cuando el guión es bueno
y los actores fingen dignamente ser héroes,
el tiempo marca estrías, va apagando
uno a uno los focos y la banda
sonora se interrumpe.
Sensación de pantalla desgarrada
la insuficiencia siempre de vivir.
Qué frágil la película
que intentamos rodar en esas horas
para sesión privada y clandestina
en la pantalla interna de los párpados.
Un insípido tono pudoroso
de noche americana
en las irisaciones del deseo,
ni siquiera el siena matizado
del pasado indoloro nos acude.
Sueño de gabardinas
por calles satinadas de humedad,
labios muy densos, casi
negros desde la sala. Juventud,
cinta de celuloide erosionado,
un guión mediocre,
problemas de doblaje.

Aurora Luque


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domingo, 9 de octubre de 2016

Sobre el tapete verde de la vida


Nos pasamos la vida de farol,
temiendo que nos cojan y descubran
que no llevamos juego,
que no sabemos nada
de nada…
Nos pasamos
la vida calibrándonos, cubriéndonos,
con la guardia bien alta.
Todos fingiendo y todos con las mismas
o parecidas cartas.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Algún día




Algún día te escribiré un poema que no
mencione el aire ni la noche;
un poema que omita los nombres de las flores,
que no tenga jazmines o magnolias.
Algún día te escribiré un poema sin pájaros,
sin fuentes, un poema que eluda el mar
y que no mire a las estrellas.
Algún día te escribiré un poema que se limite
a pasar los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.
Sin comparaciones, sin metáforas;
algún día escribiré un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha.

DARÍO JARAMILLO A.     ( Colombia 1947 )



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domingo, 2 de octubre de 2016

Ojos

Hoy pongo en el blog un pequeño relato que he aportado a una pequeña tertulia de escritores. 




Ojos 

Junto a la lluvia transparente hay un aguacero turbio que discurre: múltiples miradas rodean mis ojos, me ciega no poder mirarles. 

A ras del suelo… los destellos me alumbran y la oscuridad del pecado me ensombrece. ¡Veo ojos! Hay tantos ojos escondidos en la noche... y yo inmersa en ellos. Las miradas me observan... soy foco de atención; me invade un mundo de ojos, la esférica visión de un halo de luz forjado con lámparas. Las siluetas se mueven: son graves, fuertes, severas, inexorables, salvajes, atroces. Estoy confusa, aturdida. Sus labios empalagosos me vigilan detrás de la luz: lloro por el dolor insostenible, hierve mi llanto por tener la boca tapada. 

Han atado mis manos, mis pies se quedan inmóviles, siento el frío sangrante de las heridas, observo las risas retumbar en las paredes. Hay cinco sombras que relucen sus tonos grises en estos muros inhóspitos, que se enorgullecen de sus pecados ennegrecidos… que me miran endemoniadas. Sus voces hambrientas me acribillan; sus labios me mastican, bailo con los muelles de un colchón exhausto, respiro el peso de sus lenguas... mi cuerpo sudoroso mancha el aire, escupo lágrimas enrojecidas desde las piernas. 

La visión de mis ojos se aleja de sus órbitas… me imagino en otro universo… lejos de mí. Vuelvo a mi cuerpo rígido, me abandono volando a otro mundo: voy y vuelvo al igual que estos chicos que se acercan y se alejan sobre mí... 

Cuando terminan, el sonido limpio de la lluvia se estrella contra el mísero espacio que me engulle. Siento cómo discurre el temporal, imagino su fuerza caer sobre mí, limpiándome. 

Salgo a la calle, recuperando en el suelo el alma cortada en pedazos. Me asomo a un camino de escaparates iluminados cuya visión me regala esperanza. Ahora la luz se convierte en una salvación: es casi el alba en San Fermín y mis llantos piden justicia.





Dedicado a la chica víctima de la agresión



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