jueves, 8 de septiembre de 2016

He deseado




He deseado

disfrutar de la dicha,

he aprendido a

cultivar la espera.



Ahora, saboreando la fruta,

me roza la piel de un mundo huraño,

lleno de islas desconocidas,

cuyos mares revoltosos

me bañan de delirio y de derrota.



Vendaval inexorable o espinosa pulsión,

la pasión es un territorio de ambiciones tiránicas

y sin brújula,

el afán de un corazón apresurado

que late sin llanuras,

un navío

en los altibajos de las olas.



Llega la noche

y el hambre se acrecienta,

su tiranía me vence

germinándose en el vientre,

su ansia se esparce

famélica

aproximando las fauces de su cuerpo.



Acalorada, acelerada,

su realidad circula en la sangre impura

y el corazón,

desnudo,

muestra su latido más mecánico,

palpita

como una flor que derramará su olor

cuando llegue al placer…


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