lunes, 11 de julio de 2016

Laberinto



He ordenado trazar un laberinto
de muros elevados e inasibles
y he mandado encerrar en sus tinieblas
a un monstruo que hace tiempo alimentaba:
solamente conozco yo su nombre
y por qué no perdona al indeciso.
Nunca paseo por sus negras calles,
no sé si por temor a conocerme.
De noche me despiertan los opacos
alaridos de víctima y verdugo.
Mi obra, entonces, me inquieta, y no consigo
recordar la razón que me ha impulsado
a recibir con sangre al visitante.
Me dicen que vendrá un hombre sin patria
y que penetrará en el laberinto,
buscando sin terror su oscuro centro:
cuando la espada hiera al monstruo infame,
mi corazón conocerá el descanso.

Julio Martínez Mesanza







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