sábado, 16 de julio de 2016

In memoriam

Dedicado a las víctimas del terrorismo y al pueblo francés




Las palabras inscritas en las lápidas
son vívido recuerdo 
de un repentino viaje a lo incorpóreo;
son el alma de la pérdida, 
el adiós eterno,
un cincel que lucha contra la muerte,
un olvido esculpido de memorias.

Los mármoles devoran el silencio,
musitan el color de la matanza
con la ayuda del viento
y evocan unas vivencias selladas por la historia.

Tal vez el recuerdo se alimenta de inútiles intentos
quizás la esperanza muere en las fronteras de la vida
o tal vez la ilusión entalla graníticas certezas.

Lo único cierto es la alocada andanza del aire
en un parque de cenizas que respira de otro mundo
y el silencio que suena a ráfagas de muerte.

La blanca esfera de la noche se mancha de dolor y de esperanza
y la sombra de una lápida huye con el viento:
queda la resonancia de una luz y un cofre de adioses
que ilumina la memoria de unas vidas inocentes.

Llegó un día terrible 
y su inquietud
alcanza una tierra que grita 
“Je suis París, Je suis la France”.



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