viernes, 6 de mayo de 2016

Poema fusionado con Isabel Rezmo




Ofrezco mi sombra,
unas pinceladas de mi sangre
(vertido en tinta negra)
y los paisajes de mi vida envueltos entre tinieblas.
Ofrezco mi cáliz,
la maraña de mi pelo entre los dedos de tus ojos,
las damas ya no tienen quien escriba.
Mi esencia, regenerada en el tintero,
se vierte en el cofre de la vida
enredándose con versos.
Me desnudo con la pluma,
me cubro con mi sombra...
Un viento acaricia mis dedos,
mi cuerpo
se doblega hacia el tiempo,
susurro a la nada que golpea mis manos.
Y entonces resurge la escritura mientras las miro:
las musas son las dueñas que me escriben,
su historia discurre en el papel,
el pasado se desenreda en mi pelo.






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