viernes, 25 de marzo de 2016

Meditación triste de un corazón cautivo





La locura de las olas,
en su vaivén repetido,
el desenfreno interminable,
una dicha que no llega...
Su recorrido, extenuado,
es un movimiento que anhela tocar la orilla,
postrándose al polvo de la arena.



Observo la lucha,
el intento de resurrección de unas emociones
trituradas y escondidas bajo el océano,
la derrota de los barcos naufragados y de unos amores perdidos en su vientre,
el olvido de las hogueras mojadas y de los fuegos extintos esperando en tierra firme,
la memoria de unas cicatrices que trazan líneas de dolor
a lo largo de una geografía que se extiende como el recuerdo...



Y el mar continúa mezclándose para olvidar,
y las aguas viven de llantos,
y el mar se conserva custodiando el misterio bajo sus aguas,
bajo la libertad de sus labios húmedos y sin nombre,
dejándonos a la merced de nuevos movimientos de pasión,
ataduras y desenfrenos...
emociones que nos matarán,
llenarán

y enloquecerán como el amor...


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