domingo, 27 de marzo de 2016

Dedicado a Isabel



La realidad
es un sueño
flotando en la noche
a la deriva de una existencia
que se fragmenta en cristales,
y mis versos de aire manso
yacen acostados en la cama
agarrándose a la vida.

Soy libre
de no moverme,
soy libre de no soñar como quisiera,
de salir de mí misma,
respirando el alma.
El corazón (me) sangra
sin combate;
la ilusión se ilumina sin pretensiones,
la vida se escapa con la soledad de los días.

La enfermedad aprieta fuerte:
los cauces de mis venas son propiedad del destino
y las cenizas de mi cuerpo son propiedad del viento;
me marchito
y sin embargo
las horas son de flores,
el tiempo es un regalo
y su baremo, los pétalos de una esperanza.

Puedo sentir las resonancias del alma:
soy tan fuerte como la espera,
tan risueña como la luz,
tan valiente como yerba rodeada de cemento...

Desde la ventana se asoma la bella Granada
que se desvive de existencias vidriosas
y la observo incrédula desde un paraje sin luz
que atrae el bullicio de las estrellas.

Respiro en el mundo
después de respirar mi propio cuerpo:
la vida me enseñó a mirarme desde dentro

y mecer el corazón a través del verbo.




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