sábado, 17 de octubre de 2015

NADA EN PROPIEDAD, de Wislawa Szymborska:


Nada en propiedad, todo prestado.
Hundida en deudas hasta las orejas.
Tendré que liquidar la deuda
entregándome a mí misma.
Así está ya convenido:
devolver el corazón,
devolver el hígado
y cada uno de los dedos.
Es tarde para cambiar las cláusulas del contrato.
Me van a arrancar el pago
junto con toda la piel.
Voy por el mundo
entre una multitud de otros deudores.
Sobre unos pesa
el embargo de las alas.
Otros, quieran o no,
tendrán que declarar sus hojas.
Cada tejido nuestro
está en el Debe;
ni una pestaña, ni una ramita
podrá ser conservada para siempre.
Hasta el último detalle está inventariado
y todo parece indicar
que al final nos quedaremos sin nada.
No logro recordar
dónde, cuándo y para qué
permití que me abrieran
esta cuenta.
La protesta contra eso
es lo que llamamos alma.
Y eso es justo lo único
que no está en el inventario.


lunes, 12 de octubre de 2015

Sueño de primavera


Sueño de primavera
(A Marta)



El tintineo de los relojes
anuncian tu llegada
en una cita con el destino
que me regala tu ilusión.

El día es mi testigo
y el movimiento de tus labios
me regala la preciosidad de los segundos.

El suspiro de la brisa engendra tu amor:
a cada latido ligero
busco tu boca;
recuerdo tus palabras,
alcanzo tu sonrisa.

Me muevo hacia ti:
paso por la fría incertidumbre
de los túneles cóncavos bajo Madrid,
avanzo por la ciudad
y lentamente
llegas
como un poema.

Tus pupilas son estrellas
que puedo mirar sin protección.

Dibujo sobre tu piel
la geografía de mis deseos
con la pluma de un bolígrafo invisible
que llamamos amor.


Recuerdo como pestañeas
recién despierta.


Quiero abrazarte hasta que el silencio nos venza.


Contigo soy...




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domingo, 11 de octubre de 2015

Un ejemplo a seguir


La memoria era el lugar de la infancia, era una Italia de sueños, un pequeño pueblo encantado. 

En sus calles circulaba una pequeña gran persona, un pobre viejo para muchos, un sabio mayor para pocos. Ahora solo algunos le recuerdan... 

Callejeaba durante todas las mañanas por las pequeñas avenidas de la ciudad, con la edad cada vez más largas y anchas para él... Vagabundeaba en busca de compradores: sus quesos eran más blancos que el alma de un niño y más sensuales que la mirada del deseo. Con su arte y trabajo se ganaba la vida: él era honrado como pocos y su sonrisa era un regalo. Tenía una diversificada clientela que conquistó con sus quehaceres característicos, con su vestir pintoresco. Llamaba la atención y muchos pasantes le miraban, otros se paraban a comprar, otros se reían de él. Era la nota divertida del pueblo, siempre recibía atenciones divertidas y unos malignos griteríos. Atípico y llamativo: tenía miles de detalles que le apartaban y acercaban de la gente a un tiempo. El curioso pliegue de sus pantalones era proporcional a sus marcadas manías (como la de ir limpiando las calles de colillas) y las arrugas de sus años, los surcos de su experiencia a las manchas de su ropa. 

Recreaba un personaje de cómic a media entre vagabundo y bufón con sus zapatos grandes, su pantalón remangado y su cómica y verde gorra, adornada de hojas verdes. Su caminata típica quizá inspiró los personajes de C. Chaplin, o tal vez era solo una forma de vida. Era pobre y lo demostraba, pero era sabio, tenía astucia y sonrisas a raudales; siempre se le escapaba un chiste gracioso. Era de alma noble... 

La ciudad de las aguas, su ciudad, mi ciudad, bebía de su sabiduría, las calles reflejaban su historia y recuerdo, y la gente se embebía de su vitalidad. Los ciudadanos (sobretodo los mayores) le respetaban: veían en el un modelo de trabajo a seguir. Con su trabajo descubrió el secreto de la eterna juventud (o casi): el bien lo sabia ya que a sus 97 años todavía madrugaba a las cuatro de la mañana para cumplir con su misión, armado de sus dos cestas llenas de quesos. Sus productos eran su vida, sus quesos eran el móvil y el elixir de una vida simple. Se llamaba Carlo Donnarumma, pero todos le llamaban “Carlucciell”. Cuando unos delincuentes jugaron con su vida borraron todas esas sonrisas que Carlo regalaba diariamente a sus paisanos pero a la vez inmortalizaron un ejemplo de conciencia cívica. 

Solo en pocos aprendieron que aunque le mataran... él, a su manera, fue feliz.



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sábado, 10 de octubre de 2015

Terror, remembranza, cuerpos sin cabeza, memoria de ceniza...

Esta pintura mural me impactó muchísimo: la encontré en Madrid en la C/Miguel Servet. 
Me comentaron que se hizo con botes de pinturas y el autor es un estudiante de la escuela de al lado.
¡Impresionante!



















Terror, remembranza, cuerpos sin cabeza, memoria de ceniza...


El retratista hablaba claro:
no hemos de mirarlos, no quieren recordar”.

La historia nos sacude,
entierra la memoria,
y la mano del poder
borra nuestras vidas.
Hay quien recuerda la guerra civil 
y sus horrores
Antes eran victimas,
hoy solo huesos deshonrados...
y la memoria se detiene
en la verdad de las fosas comunes.

Almas fusiladas, enmudecidos testimonios,
dignidad mermada, represión de verdugos.

La violencia es un cuerpo sin mirada ante el olvido de la historia.

Las páginas de los libros custodian la pérdida,
y nada cambiará mientras se olvide:
el terror volverá como en los viejos campos
concentrados de injusticias,
volverán los dictadores jactándose de regalar su horror
y nuevas víctimas huirán al exilio
o serán arte como en el cuadro de Guernica.

El tiempo hace mella en la memoria
aunque la palabra escrita o el arte
sobreviven a nuestras vidas.

¿Y si desde el olvido volvieran todos aquellos hombres sin nombres?
¿Y si la poesía de Federico volviese?

Ellos no me hablan, yo no puedo mirarles,
solo queda recordar...



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viernes, 9 de octubre de 2015

Homenaje a tu alegría



El sexo corteja a la vida
y comparte la desnudez de la hoguera.
El fuego nace
con la intimidad:
tu llama me aleja del dolor.
El placer nocturno,
renace en tus ojos oscuros.
El alba sonríe con tu despertar.




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jueves, 8 de octubre de 2015

El afecto es una declaración de cambios



Si cambiar
es liberarse
de miedos y rutinas
que como barrotes aprisionan el alma.

Si cambiar
supone mirar
el espejo
sin bajar la mirada
y perderse valiente
en los laberintos de la verdad.

Si cambiar
es sonreír
al día de mañana
esperándole
con una ilusión de futuro.

Si cambiar
es acariciar
el pasado
como parte integrante
de las decisiones desacertadas de tu vida,
abrazar tus miedos,
reírte con ellos
y llevarlos a cenar
con los deseos
impresos en tus ojos.

Si cambiar
es salir a la calle
libre
desde el centro de mi ser.

Si cambiar
es estar entre la gente
abrazando la soledad con tu sonrisa.

Si cambiar es ser,
descubrir
la incertidumbre
de lo que uno es realmente,
si cambiar
es reencontrarse
alcanzándote...

Entonces estaría encantado
de hablar con tu alma
desde el espejo retrovisor de tus ojos
y contarle la historia que jamás escribimos,
sintiéndome finalmente enamorado.










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