miércoles, 2 de septiembre de 2015

Seamos libres



No es necesario morir,


ni vivir ningún infierno.



No necesito sufrir,

                                  dañar 

                                                  ni joder(me).




Ni llorar 

                 por haber perdido.




No quiero usar tu dolor para entender el mío,

ni tampoco perderme

para encontrarme

                                 perdido

y ponerme  a buscar.



Llevo tiempo viviendo un infierno,

casi una vida muerto por dentro…

si sufrir es llorar,

si dolor es perderse

busco

la fórmula para hallarme fuera de mí.
Mi cuerpo me aprisiona:

a través de las nubes,

despojándome,

volátil,

sería brisa acariciando el cielo,

me mezclaría con el aire navegando a mi antojo.




Veo a los pájaros volar,

siento la brisa enredándome el pelo.

Miro hacia el cielo y cuento las nubes;

no hay ninguna

que no me recuerde a ti.

Y entonces lo sé.

Sé que infierno,

es el nombre que pongo al lugar donde no te encuentro.

Sé que lo que me duele es no poderte abrazar,

y que dolor es aquello que cubre el amor que siento,

sólo cuando no estás.




Ser libre es amor,

aunque vaya mendigando tu piel;

la esclavitud es mi deseo,

el de aprisionar(me) en tu boca.

Me alivia aletear sin cadenas,

sobre todo cuando vuelo contigo,

con la ligereza de sentirte conmigo,

lejos de culturas que afligen con sus penas.

Volar sería fundirse con el mundo:

escalar montañas, bajar a los ríos,

entrar transparente a los lugares más insólitos…

conjeturas de un paraíso imposible.

Anhelo ir sin cadenas: desnudarme de mi,

huir de mis miedos,

hablar en concreto de nada y de todo,

de alguien que crees está en ti,

de un alma volátil que nunca se alcanza.




Mi libertad empieza

donde residen los silencios.

Allí donde terminan las montañas,

donde mueren los ríos.

En el miedo a morir,

en el tiempo perdido,

en la estúpida idea de perder(te)(me);

en la de creer que existe el olvido.

No sé,

por qué no sé dónde termina,

quizá porque en realidad es mentira,

y no empieza,

ni termina,

sólo existe,

entre tu corazón y el mío.






Escrito hace un tiempo con Sandra López Barbeiro





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