martes, 10 de marzo de 2015

Soneto a las musas de antaño



Con el placer del fuego que me das conjugo el amor,
¡cuantos besos te daría para levantar mi vida a flor!
Haces que suspire el viento, mi alma herida...
puedo tocar el cielo en tu honor, ¡querida!

Rebosa infinita pasión en el corazón de un poeta
cuando las musas le ayudan con su receta secreta,
la de levantar pasión y orgullo junto al talento,
y conjugar el verbo: unos sonetos para su aliento.

Y si aun así la gracia de la musa perdura,
entonces la obra del poeta se amplía, prospera,
llegando a subsanar la pulsación impura...
Ahora me diréis: ¿Acaso desear es pecar en nuestra era?
¡Creo que no lectores! Para un poeta la melodía más pura,
la que nace y renace, es la que le regala la musa más sincera...



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