lunes, 17 de marzo de 2014

Los contratos de amor se queman por las letras pequeñas.

Deseaba volver a ver las primeras chispas veraniegas,
los latidos primerizos que se encendían en tu fuego,
la embriaguez que me provocaba tu sonrisa,
la ilusión achispada volcada en tu deseo.

Sentía como el amor se enredaba en sus albores,
en las imágenes perfectas del ayer,
en los momentos felices que se licuaban entre recuerdos.

Empantanado en tu deseo,
remaba agonizante entre el ser y no ser,
esperaba navío entre los destellos de tu amor
y la noche de mis días,
desorientado entre las rutinas de la vida,
aturdido por los hábitos que malograban nuestros encuentros:
presenciaba la lejanía del ayer, insanable estela,
el elevado coste de los instantes que perdíamos.

Sentimientos agridulces: tus últimos besos eran el sello infranqueable
a unos versos de amor desatendidos,
una estampida fría,
una correspondencia etérea,
unas cartas de amor que tus labios sellaban,
una calma monótona y sutil,
unas sensaciones adversas,
la distancia que llegaba acercándose sin avisar,
un poema que perdía su musa...

Mi sentimiento se perdía en una retirada,
mi amor pájaro quería volar
y en tu tiempo perdía sus alas.

Como pétalos de una margarita,
entre las fronteras del ser y del querer,
hoy sobrevivo a la incertidumbre de tu silencio acorazado,
en un limbo donde no soy nada,
exiliado de unos lazos que me ataban.

Me abandono de nuevo a una emoción que te palpita:
entre el rechazo y el afecto,
vuelvo a navegar en tu realidad entrañable:
mi regalo, tu ocasión propicia,
la de una victoria servida en bandeja,
la de una retirada que has devorado rapaz,
desayunándote el amor.
El amor se cortó de cuajo,
mi poesía se detiene en seco.



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