martes, 4 de febrero de 2014

"Stabiae"

"Stabiae"

Como fotógrafo busqué el instante
de los mil colores,
el momento preciso del ocaso,
los tiernos y cálidos dibujos
que ofreció mi tierra.

Los he grabado a fuego:
en los brazos de sus gentes
se reían los días,
en sus entrañas rugía
la tierra del Vesubio.

Mi pueblo está sentado
entre la historia de Pompeya
y la veraniega Sorrento,
entre el mar embrujado de Capri
y el abismo del olvido.

Estandarte de mi niñez,
calles de mil historias cantadas,
paraje que detenía
el motor del tiempo
con la riqueza de sus aguas
y el brío de sus paisajes,
“Castellammare di Stabia” sigue escarbando
en los recuerdos de mi “itala juventud”.

Hoy con su monólogo a medio escribir,
suspendida en el tiempo
por la incertidumbre de su futuro,
es un barco hundido en aguas sumisas.
¡Que escandalosa ciudad!
¡Cómo era! ¡Cómo es!

Amor de ciudad deshilachado,
hoy sus calles mal adoquinadas
son vertederos que hieden a realidad.

Tú, ¡Stabia!
Eres la puta de unos gobernantes astutos y descarados
que se ciñen a sus pretensiones
y te gozan
maquillando al mismo tiempo
su espectro criminal.

Tus miserias te catapultan al mundo,
que observa el escaparate
de unos crímenes acristalados en tus entrañas.
Los relojes del tiempo te rechazan
y tu arrastre descuartiza la esperanza.
Tiemblan tus cimientos,
que son llagas que duelen incesantes:
el agua que vertías se convirtió a sangre.

El viento ahora silabea actos de terror,
cobijado en la mano mafiosa
que va forjando tu nuevo semblante.
¡Ahora vives de aire y escupes tormentas!

¿Cuánto sufrimiento aguantarás
hasta que te bauticen como ciudad sin ley?
¡Me transmites aislamiento y desamparo!

Cuando me mudé a Madrid
dejaste de ser el centro de mis días
y pasaste a ser eco de noticias,
lejana realidad encapsulada
en cien mil microcosmos de vidas.
Hoy ya no me vives,
pero lamento tu espíritu herido.

Yo que respiro de la ilusión
que me ha hecho padre
veo como la tuya se desmorona.
Ahora desecha, ¡lloras!
y tus charcos veraniegos los seca el sol.

Ojalá pudiera secar tus lagrimas,
desvelar tu memoria,
enmudecer este silencio acorazado
por una palabra intraducible: “omertá”.

Una vez te distinguías
como la ciudad de las aguas,
ahora te deshidratas en la ley del silencio.
Tu inquietud es ya fortaleza de cobardía,
pero tu alma es tu pueblo, ¡y tu pueblo no olvida!

Otrora continúas tu presente,
entre un halo de horror
y un futuro de carencias,
pero orgullosa,
por la decencia de tu comunidad.

La nobleza de aquellos que nada tienen
es la aptitud de aquellos que todo pueden.
Clase obrera que vive entre niebla y fe
por el endiablado credo en su ideal de futuro.

Mi pueblo sigue erguido cuando
“Fratielle e surelle” grita de madrugada,
su cántico de amor a la virgen
son sus artimañas, creencias para sobrevivir.

¡Stabia!
Como fotógrafo estampo recuerdos,
como poeta novato quisiera revertir
el vacío de tu memoria:
volver a observar entusiasta
la sonrisa y la felicidad de vivir
en tu amada tierra.

Mis palabras son para ti,
querida ciudad natal,
sedienta de historia,
que aún vive en mi.





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