martes, 14 de enero de 2014

“Giuseppe”

“Giuseppe”

Me llega la oleada de tu recuerdo:
un marinero desanclándose de sus raíces profundas,
un navegante que se fue buscando otros horizontes.
Recuerdo las grietas de tu piel al regalarme tu sonrisa,
tus redondas arrugas octogenarias,
el calor de tus palabras, la cercanía de tu mirada.
Tenías una madura sabiduría
junto a la sencillez de un niño...
ingredientes que fueron valiosos para tu vivir,
enseñanzas y fundamentos para mi sentir.
Brújula de mis cuentos olvidados,
de semblante curvo y de ánimo bueno,
debo a ti mi dichosa infancia y juventud serena.
Pilar familiar,
fuiste el ancla de salvación de mis pesares:
tu como yo viajero por el mundo
me regalaste el secreto del quieto vivir.
Tus historietas eran únicas:
momentos tristes, briosos, de gente lejana...
Contabas anécdotas, experiencias vividas,
cuentos peculiares que llegué a grabar.
Ahora los atesoro al igual que tu vivo recuerdo:
limpio, natural, sincero.
Admiraba tu virtud máxima:
la de tu infinita paciencia.
Me indicaste senderos de quietud:
muchos días mi alma temblaba de frio
y tu corazón se convirtió en mi abrigo.
Te quedaste sin visión
por una enfermedad mal cuidada,
pero aún leías la realidad.
El calendario de tus días, imparable,
agotó sus paginas:
llegaste a tu fin
con dignidad de combatiente,
te dormiste para siempre
mientras el cielo se llevaba tu áurea
convirtiéndola en luz.
El tiempo avanza lenta
e insobornable
pero nunca te ocultarás bajo mi horizonte:
eras mi "abuelito"
y lo seguirás siendo siempre.


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